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Texto que sigue a continuación ha sido extraído del libro Vivir Un Curso de Milagros de Jon Mundy. Un texto muy esclarecedor porqué nos ayuda a entender y comprender mejor los conceptos utilizados en Un Curso de Milagros.


Perla
Perla

CAPÍTULO 4 – La Historia de la Salvación Una historia muy antigua: El himno de la perla.

Antes de adentrarnos en el «relato» del Curso, echemos un vistazo a una interpretación de una de las historias más antiguas del mundo. El himno de la perla es un viejo cuento sirio, mucho más antiguo que Los Hechos de Tomás, el texto del siglo tercero en el que se encuentra, y que refleja el mensaje contenido en Un Curso de Milagros.

«Un joven mora en un reino rico y maravilloso. Sus padres lo envían en una misión con provisiones «valiosas pero livianas» para que pueda cargar con ellas. Antes de marchar, el joven se desviste de sus Vestiduras de la Gloria y su espléndido manto, y en el corazón le graban un mensaje relacionado con su misión: debe obtener una perla de sabiduría que yace en el fondo de un mar que está rodeado por una peligrosa serpiente.

Al principio es acompañado por dos enviados reales, pues el camino es duro y peligroso, y él es joven. Al llegar a este nuevo mundo, se camufla en un cuerpo igual al de aquellos que lo rodean, y se mantiene alejado de otras personas hasta que reconoce a otro «ungido» y entre ellos nace una confianza mutua. Su amigo intenta advertirle contra los «impuros», quienes, al darse cuenta de que no es su compatriota, se predisponen en su contra. Pero acaba cayendo en las redes de los impuros que, con gran astucia, le cambian la bebida y le dan su carne. El joven se duerme y olvida su misión. No recuerda que es el hijo del rey, la perla de la sabiduría.

Los padres se enteran de lo ocurrido a su hijo y le escriben una carta instándolo a despertar, a alzarse de su sueño, a romper sus ataduras y recordar cuál es su destino. La misiva llega en forma de un águila «que llegó a ser toda palabra». Al oír su voz el joven despierta, abraza la carta, rompe el sello y rememora en su corazón las palabras de su padre. Se acuerda que es el hijo de un rey, un «alma nacida libre». Evoca la perla y la peligrosa serpiente, a quien se enfrenta y la hechiza repitiendo el nombre de su padre hasta que el reptil cae en un profundo sueño. Tras conseguir la perla, el joven emprende el camino de regreso a casa dejando atrás sus «prendas impuras».

La voz de la carta lo guía con su luz, ahuyenta sus miedos y lo conduce de vuelta a casa con su resplandor. Había olvidado las Vestiduras de la Gloria que dejó atrás durante su juventud, y, al volver a verlas, éstas se coinvierten en su espejo: «Me vi entero en ellas y a ellas las vi en mí». Vestido con ellas asciende a las puertas del saludo y adora el esplendor de su padre, que lo había enviado en una misión y cuyas órdenes ha, por fin, cumplido».

Interpretemos (desmitifiquemos) esta historia. Nosotros llegamos al mundo con la memoria de nuestros padres, que nos han enviado a cumplir una misión, en el corazón. Debemos descubrir (recordar) nuestra verdadera identidad como alma nacida libre (Espíritu). Después de ocultarnos en cuerpos como los que nos rodean, los impuros (el mundo movido por el ego) nos mezclan las bebidas de manera astuta y nos dan de comer su carne: nos cuentan su historia sobre el mundo y nos seducen hasta el punto de acabar soñando su sueño. Al prendarnos de ese mundo de ensueño, caemos en un estado de inconsciencia y creemos que ese sueño es la realidad. Olvidamos nuestra misión, olvidamos que de hechos somos Hijos de Dios. Nuestros padres, al ver que estamos dormidos, escriben la carta que nos insta a despertar. Esta carta puede ser la Biblia, el Corán, los Vedas, el Tao Te Ching, Un Curso de Milagros o cualquier tipo de inspiración o impartición de sabiduría. La voz de la carta «llega a ser toda palabra» y al escuchar su mensaje iniciamos nuestro despertar. Al hechizar a la serpiente (el ego), recuperamos la perla de la sabiduría y, gracias a que recordamos nuestra verdadera identidad como «almas que han nacido libres», dejamos atrás nuestras vestiduras impuras y regresamos al Hogar del Padre.

Presentación de los personajes (conceptos) de la obra

A veces las óperas empiezan con una obertura o con escenas que todavía han de llegar. Familiaricémonos con algunas palabras que no hemos clasificado en orden alfabético, sino más bien según esquema del argumento y enseñanzas del Curso. Fijémonos en los personajes de la obra, el tema básico del Curso, el argumento y la solución al problema que nos presenta su «historia».

Dios

Dios es una de las palabras que aparecen con mayor frecuencia en el Curso. Helen describe un sueño o visión donde se encontraba a la entrada de una cueva en la que, al adentrarse, halla un pergamino. Al desenrollarlo lee las palabras «Dios es» en el panel central del texto. A derecha e izquierda de la tabla empiezan a aparecer pequeñas letras, y se da cuenta de que enrollando el manuscrito hacia la izquierda podrá mirar hacia el pasado, y haciéndolo hacia la derecha, verá el futuro. Sin embargo, ella decide dejarlo justamente donde estaba y, escucha una voz que le dice: «Esta vez lo has superado. Gracias». Podríamos dejarlo en que «Dios es». El ego, el aspirante a culpable de nuestro relato, nos tienta a enrollar el pergamino, y en el instante en que lo hacemos, quedamos atrapados en el tiempo, en un drama, en una historia. En nuestra tragedia tienen lugar una interminable lista de problemas. Como un personaje de una película de Indiana Jones, nosotros (el ego) vamos de una desafiante aventura (problema) a otra.

Dios (Amor) es inefable y está más allá de nuestros poderes de definición. Buda se negó a definir a Dios argumentando que no era posible hacerlo. Inténtalo tú: no puedes. Define el amor. Es imposible.

El Curso intenta ayudarnos a recordar aquello que carece de forma y es abstracto. El ego nos recordaría aquello concreto y delimitado por el tiempo y el espacio. Esta parte concreta del alma cree en el ego, pues éste depende de lo concreto (T-4.VII.1:4). Dios es abstracción divina. Dios es mente. Dios es vida. Dios es amor. Cuanto más vivos estamos, más amor experimentamos; cuanto más amor experimentamos, más vivos estamos, más conocemos a Dios. Vida-Amor-Verdad-Dios no puede ser delimitado. Dios, el que otorga la vida, es descrito en el Curso como Padre. El Padre tiene un Hijo llamado Cristo. «Tú» eres el Hijo de Dios, todos somos los hijos e hijas de Dios. Lo que Dios quiere para todos nosotros es la «perfecta felicidad», que a menudo es descrita como paz, dicha, inocencia y libertad.

El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es la Voz de Dios, la mente de Cristo, la Luz, el puente que conduce al Cielo y el enlace que permite la comunicación entre nosotros y Dios. Es una idea en mi mente que me ayuda a comprender mi mente recta. Así pues, es una memoria en la mente del Hijo de Dios. Ésta es una memoria que no hemos perdido en ningún momento, sino que ha sido nublada por nuestras vagas ensoñaciones sobre el mundo. El Espíritu Santo es la motivación para la orientación milagrosa. Es la respuesta de Dios a la separación (T-5.II.2:5) y «la decisión» de reparar esa separación. Ve nuestras aterradoras percepciones e intenta ayudarnos a superarlas. Él está en nosotros en un sentido muy literal (T-5.II.3-4). Es el maestro interior, nos consuela, es el guía, sanador y mediador.

«La voz del Espíritu Santo no da órdenes porque es incapaz de ser arrogante. No exige nada porque su deseo no es controlar. No vence porque no ataca. Su Voz es simplemente un recordatorio. Es apremiante únicamente por razón de lo que te
recuerda.» (T-5.II.7:1-5).

Jesús

Jesús es alguien que rememoró quién era como Espíritu, recordó su identidad: «Yo y el Padre somos uno» (Juan 10:29-31). Él, siendo hombre, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios (C-5.2:1). Jesús también es el «yo» del Curso que aparece en frases como: «Puedes hacer cualquier cosa que yo te pida. Te he pedido que obres milagros.» (T-2.II.1:1-2).

Cristo

Cristo es el Hijo de Dios. Sin embargo, dado que todos somos la Filiación, también somos Cristo. Aún así, estando atrapados en el sistema de pensamiento del ego, no conocemos (no recordamos) nuestra realidad como Cristo.

es (normalmente eso no sería español correcto, pero en este caso «tú» es un personaje del Curso) el personaje más mencionado en el Curso, pues aparece varios miles de veces. En el Curso aparecen tres tipos de «tú»:

  1. A veces el Curso habla de un tú en referencia al ego, como por ejemplo en: «Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado» (LE-93.1:1). Ese es el tú del cuerpo/personalidad.
  2. Entonces aparece un tú que es quién toma las decisiones u observa. Éste es el tú a quien el Curso se dirige en la mayoría de ocasiones. Es la parte que atiende y decide entre el ego y el Espíritu Santo, entre la mente recta y la mente no recta.
  3. Por último, está el Tú que es el Ser, el Hijo de Dios, Cristo, el Tú que es la Unicidad.

El Ego

El ego es una creencia o concepto falso que tenemos de nosotros mismos. Es un sueño sobre lo que creemos que somos. Es algo que intentamos pensar aparte de Dios. Es un error, una percepción falsa, una fantasía que nada tiene que ver con la verdad. Para el ego, el ego es Dios (T-13.II.6:3). Es una voluntad opuesta a la Voluntad de Dios. Es la parte de nosotros a la que le gusta ser un individuo independiente. El ego no es nada, a pesar de que en el sueño parece serlo todo. Es aquello que define, interpreta, proyecta y juzga. Lo que siempre está inventando el mundo. Tú estás, yo estoy, nosotros estamos siempre concibiéndolo. En realidad, la verdad es que el ego no existe; no es más que una idea. Según el Curso, hace mucho que este mundo desapareció (T-28.I.1:6). El guión ya está escrito. Podemos cambiar nuestra percepción del mundo, pero no el propio mundo y desde luego, no podemos cambiar el Cielo. Aceptar la verdad significa reconocer lo que ya existe; implica despertar del sueño.

«Tener plena conciencia de la Expiación es, por lo tanto, reconocer que la
separación nunca tuvo lugar. El ego no puede prevalecer contra esto porque ello
es una afirmación explícita de que él nunca existió.» (T-6.II.10:7-8).

El diablo

El diablo es también una creencia y, de la misma manera que el ego, tampoco existe. Sin embargo, la mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real y aterradora, y esta creencia es el “diablo” (T-3.VII.5:1). Así pues, el diablo es más o menos el equivalente de que el ego sea algo diferente de nuestro verdadero Ser.

El Cuerpo

El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido (T-23.I.3:3), una limitación en el sueño que, tal como Shakespeare dijo, «aparece un momento en el escenario y después no se le vuelve a ver». Es la imagen que tenemos de nosotros mismos, fuera de nosotros mismos; parte de la máscara, del personaje, del disfraz. Al desconocer nuestra verdadera identidad, que va más allá del cuerpo, creemos ser cuerpos. Éste no es malo ni bueno pues, como el mundo, el cuerpo es neutro. Su única función es la que le otorga la mente como dispositivo de aprendizaje para saber cómo despertar del sueño. Los cuerpos son limitaciones temporales de forma. Una simple prueba de que no somos cuerpos es el hecho de que dentro de cuarenta o cincuenta años los cuerpos de muchos de los que están leyendo estas palabras ya no existirán. Ello no dice nada sobre la eternidad como Espíritu. ¿Quién parece poseer el cuerpo? Cuando alguien formulaba una pregunta al sabio Ramana Maharshi (1879-1950), él respondía a menudo con un: «¿quién lo quiere saber?». ¿Quién es responsable de la pregunta?

Los ídolos

Un ídolo es algo que colocamos ante Dios; cualquier cosa que se convierte en un sustituto Suyo. A menudo no reconocemos a los ídolos, porque no caemos en la cuenta de que los hemos creado para sustituir a Dios.

«Has depositado tu fe en los símbolos más triviales y absurdos: en píldoras, dinero, ropa “protectora”, influencia, prestigio, caer bien, estar “bien” relacionado y en una lista interminable de cosas huecas y sin fundamento a las que dotas de poderes mágicos.» (LE-50.1:3).

Un ídolo es una imagen de un hermano o hermana a la que valoramos más de lo que él o ella es en realidad. Es un deseo convertido en algo tangible y real (T-29.VIII.3:2). Es una creencia. Cuando la creencia desaparece, el ídolo muere.

Los Milagros

El milagro es una corrección introducida en el pensamiento falso (T-1.I.37). Es un cambio mental que desvía la percepción de la inconsciencia a la conciencia. Es un abandono de toda forma de defensa, de todos nuestros pensamientos de ataque y ocultación; el fin de las ilusiones. La ruina de la creencia en el pecado, la culpa y el miedo. No se trata de un cambio en las circunstancias externas, sino que es una corrección de la percepción equivocada, un método de aprendizaje, una lección de verdad que se introduce en el pensamiento falso. Es dejar a un lado los falsos dioses, aceptar la Expiación. El milagro no hace nada. El milagro deshace (T-28.O.1:1-2).

La definición de términos continúa en los siguientes dos capítulos a través de un análisis del argumento básico de la historia que nos ocupa, el funcionamiento de la mente y la dinámica básica del ego.

Jon Mundy
Jon Mundy

Es catedrático en la Universidad Estatal de Nueva York y ha dictado clases sobre  "Historia del Misticismo ", "Historia de La Filosofía" y "Psicología de La Religión", entre otras cátedras.

Fue ministro metodista ordenado durante 45 años, habiendo comenzado como pastor en iglesias rurales en Missouri en el año  1961. Fue editor de varias publicaciones y desde 2002 hasta la actualidad edita y publica la revista "Milagros".

Es autor de ochos libros basados en Un Curso de Milagros entre los que se destacan "El Místico De Missouri", "Escuchando A Tu Guía Interior", "Las Diez Leyes de la Felicidad", "¿Qué es el Misticismo?" y "Vivir Un Curso de Milagros".

Jon fue uno de los  primeros estudiantes y maestros del Curso, guiado directamente de la mano de Helen Schucman a lo largo de sus  primeros y complejos pasos hacia una espiritualidad plena y abundante. Para más detalles sobre el autor y sus otras, visita su sitio en internet www.miraclesmagazine.org

En youtube me encontre con un vídeo en el que un afamado científico le preguntaba a un no menos afamado Maestro espiritual sobre la consciencia de las cosas u objetos. La respuesta me resulto muy valiosa e interesante y aquí os la reproduzco.

La pregunta

¿Es la consciencia de una flor o de un gato igual a la de un ser humano? ¿Las cosas no vivientes tienen consciencia? En 2014, en la Universidad de Virginia, el astrofísico, Dr. Trinh Xuan Thuan, pidió al monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh, (Thay para sus estudiantes), que lo explicara. La respuesta de Thay es alentadora y humilde.

gato y flor
gato y flor

Transcripción de la respuesta de Thich Nhat Hanh

"Cuándo miramos nuestras células, como ser humano vemos que el ser humano está hecho sólo de elementos no humanos. Tenemos el elemento mineral en nosotros, tenemos el elemento vegetal en nosotros y tenemos el elemento "animal" en nosotros. No sólo tenemos antepasados ​​humanos, sino que también tenemos antepasados ​​animales y antepasados ​​vegetales y también ancestros minerales; y nuestros antepasados ​​no pertenecen solamente al pasado ― pertenecen al presente. Están plenamente presentes en nosotros. Sin ellos no podemos ver de la forma en que vemos, no podemos pensar de la forma en que pensamos, no podemos vivir de la forma en que vivimos. Y el electrón está también en nosotros. Así que cuando yo tengo un pensamiento todos los antepasados ​​en mí, incluyendo los antepasados ​​minerales, vegetales y animales, colaboran conmigo para producir ese pensamiento.
Es como cuando ves ― y te fijas en un árbol. Ese no es un trabajo sólo de los ojos, como sabe muy bien. Sin el cerebro, sin la sangre, sin las células en su cuerpo, sin todo eso, el "ver" sería una cosa imposible para los ojos.

Cuando los ojos "ven" el cuerpo entero está participando en el acto de ver. Cuando tenemos un pensamiento, cuando razonamos, cuando creamos música, cuando hacemos matemáticas, no sólo una serie de neuronas lo están haciendo, sino todo el cuerpo ― todo el linaje de los ancestros en nosotros está participando en la producción de ese pensamiento.

Así que visto de esta manera usted puede ver que está hecho de elementos que "no son usted" y que los elementos "no usted" siguen estando en usted y si eliminara los elementos no-usted, no quedaría ningún "usted".

Tenemos un complejo de superioridad como seres humanos y pensamos que tenemos ese tipo de inteligencia, ese tipo de consciencia que otros seres vivos no tienen. Pero no estoy muy orgulloso de ese tipo de mente que estamos usando en la vida cotidiana: la mente de discriminación está atrapada por muchas nociones, es el fundamento de todo tipo de sufrimiento. Discriminamos entre esto y lo otro, y eso crea complejos de superioridad, inferioridad e igualdad.

(Señalando a unas orquídeas) Esta planta tiene inteligencia, esta planta tiene conocimiento, esta planta tiene voluntad de vivir. Esta planta sabe cómo fabricar flores y frutas y cómo seguir viviendo de la mejor manera posible. Y me parece que esta planta está creando menos sufrimiento que nosotros los seres humanos. No estoy muy orgulloso de mi mente de discriminación. Por lo tanto, estoy libre del complejo de "superioridad de ser humano". Sé que puedo hacerlo mejor.

Es por eso que cuando usted produce un pensamiento, la Madre Tierra está produciendo ese pensamiento junto con usted. No diga que es usted solo el que produce ese pensamiento. La Madre Tierra está en ti en el fundamento y está produciendo ese pensamiento contigo al mismo tiempo. Este pensamiento no es de tu propiedad. Este pensamiento que se produce es una creación de toda la Tierra ― y no sólo de la Tierra, el Sol también, porque sin el Sol la Tierra no puede ser ella misma; Ella no es capaz de crearte y de llevarte a la existencia.

Así que esa es la mente de No-discriminación. En la medida en que utilizas la mente de discriminación para juzgar y organizar, sigues creando sufrimiento. Por eso es tan importante aprender a eliminar las nociones que están en el fundamento de la separación y la discriminación."

Video fuente con la respuesta del maestro

Breves pinceladas biográficas

Thich Nhat Hanh

Thich Nhat Hanh
Thich Nhat Hanh

El maestro zen  es un líder espiritual mundial, poeta y activista por la paz, venerado en todo el mundo por sus poderosas enseñanzas y escritos sobre mindfulness (atención plena) y la paz. Su enseñanza clave es que, a través de la atención plena, podemos aprender a vivir felices en el momento presente ― la única manera de desarrollar verdaderamente la paz, tanto en uno mismo como en el mundo.

Thich Nhat Hanh ha sido pionero en llevar el budismo a Occidente, fundando seis monasterios y docenas de centros de práctica en América y Europa, así como más de 1.000 comunidades locales de práctica del mindfulness, conocidas como "sanghas". Ha construido una próspera comunidad de más de 600 monjes y monjas de todo el mundo que, junto con sus decenas de miles de estudiantes, aplican sus enseñanzas sobre el mindfulness, la construcción de la paz y la construcción de la comunidad en escuelas, lugares de trabajo, negocios y prisiones en todo el mundo.

Trinh Xuan Thuan

Trinh Xuan Thuan
Trinh Xuan Thuan

Trinh Xuan Thuan es uno de los principales astrofísicos del mundo y es reconocido internacionalmente por sus investigaciones sobre la astronomía extragaláctica y la formación de galaxias en particular. Es autor de más de 230 artículos sobre la formación y evolución de las galaxias, sobre todo galaxias enanas, y sobre la síntesis de elementos ligeros en el Big Bang. Fue galardonado con la Legión de Honor francesa en 2014 en reconocimiento a su trabajo pionero en el campo de la astrofísica, a sus esfuerzos por popularizar temas científicos y a su compromiso personal con la amistad franco-estadounidense.

 

 

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