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Autor: Adyashanti


Un lugar llamado Yo
Un lugar llamado Yo

¿Cuál es la raíz de este lugar llamado yo?. Tienes que saber cuál es la raíz, desde el comienzo, desde su génesis. Hubo un tiempo en el que esa inocente fascinación sin palabras y ese amor, que es tu esencia, dejó de estar inocentemente fascinado y enamorado de lo que era para identificarse con lo que pensaba. En ese preciso movimiento, de la fascinación inocente a la identificación, perdimos la libertad. Sucedió hace mucho, en el principio de los tiempos, y sigue sucediendo ahora mismo. La inocencia, la fascinación con lo que es, simplemente tal y como es, existe permanentemente.

...continua llegint "Un lugar llamado yo"

de Jeff Foster

Una ausencia muy presente
Una ausencia muy presente

 

Yo no soy ningún maestro. Yo no tengo nada de lo que tú carezcas. Yo no soy, en modo alguno, especial. Eso es todo lo que quiero decir.

Si tuviera que dar un nombre a lo que estamos haciendo, diría que estamos departiendo amablemente. Estamos charlando, abierta y amablemente, de algo que sabemos muy bien, de algo que conocemos íntimamente. En realidad, no podría decirte, sobre esto, nada que tú ya no supieras.

De hecho, siempre lo has sabido. Yo sólo te lo recuerdo.

Hay quienes hablan del reconocimiento o de la resonancia que experimentan cuando leen o escuchan palabras que brotan de la Claridad. Esa resonancia está más allá de nuestro intelecto y de nuestra comprensión, y trasciende por completo nuestra mente pensante. De esa resonancia, precisamente, quiero hablar en este libro.
Siempre es posible que, en medio de esa resonancia, resplandezca algo nuevo.
Todas estas palabras apuntan, de hecho, a una iluminación que se encuentra más allá de la comprensión y a un reconocimiento que trasciende el pensamiento. Todas esas palabras apuntan, en suma, a una abertura a algo extraordinario –aunque simultáneamente ordinario– que siempre quedará más allá de la comprensión de nuestra mente.

* * *

Cuando hablamos de no-dualidad solemos recurrir a metáforas y paradojas, porque las palabras, que fragmentan y dividen, se quedan muy cortas cuando apuntan a algo vivo y total. Ése es, en suma, un empeño tan imposible y condenado al fracaso como tratar de coger agua con una red.

Son muchas las paradojas y contradicciones que el lector descubrirá a lo largo de este libro. Pero la mente que se empeña en comprender intelectualmente todas estas palabras acaba completamente confundida. Ese desesperado empeño se deriva de la creencia de que, cuando comprenda, podrá poseer y, cuando posea, podrá controlar.
La mente quiere controlarlo todo. ¡Ha pasado los últimos millones de años
controlándolo todo y no parece dispuesta a renunciar tan fácilmente a ello! No trates de entender este libro. Ábrete tan sólo a la posibilidad de que la iluminación aparezca. Sumérgete sencillamente en las palabras. Zambúllete en su presencia. Si algunos de los conceptos presentados aquí te parecen difíciles será porque lo son. No en vano desafían cualquier idea que tengas sobre la espiritualidad,
sobre la vida, sobre el mundo y sobre ti mismo. No es de extrañar que sientas que algunas de estas palabras amenazan tu sensación de identidad, la idea que tienes de ti y de la verdad.

Ábrete a esta otra posibilidad. Pero debes saber que, quien ha escrito este libro, es el mismo que lo está leyendo. Debes saber que, si hay algo en este libro que te parezca difícil, cruel o poco cuidadoso, no era ésa mi intención. En modo alguno he pretendido provocarte o molestarte. Lo único que quiero es compartir contigo la posibilidad de un amor absoluto e incondicional.
Este libro ha brotado de la nada en medio de tu sueño para recordarte algo que sabías desde siempre.

* * *

Pero no son sólo las palabras de este libro las únicas que tratan de transmitir este mensaje. No son sólo estas palabras las que tratan de expresar lo inexpresable. Todo está haciendo lo mismo. Literalmente todo lo que te rodea es, de hecho una manifestación perfecta de la liberación. La expresan los olores, los sonidos, el ruido del tráfico y el movimiento. Todo está expresándolo, todo es una expresión de esto que, pese a estar en todas partes, resulta invisible. Ésa es la gran broma cósmica.
No conviene, pues, que te identifiques demasiado con las palabras pronunciadas en este libro. Esas palabras, a fin de cuentas, no son más que un fragmento provisional de la danza de la vida, simples olas en la superficie del Ser.

Quizás, si lees con un espíritu, con una mente y un corazón abiertos, si estás abierto a otras posibilidades, posibilidades que parecen contradecir todo lo que nos han enseñado, algo de lo que aquí digamos resuene en tu interior. Quizás, si hay una abertura, reconozcas algo, veas algo o se desvanezca algo.

Pero, si lees este libro con la mente o el corazón cerrados, es muy posible que acabes frustrado y decepcionado. Porque quizás, en tal caso, te identifiques tanto con las palabras que llegues a olvidar aquello a lo que apuntan. Y, si ése fuera el caso, te sugeriría que abandonases provisionalmente la lectura y no la reanudaras hasta que tu corazón y tu mente se abriesen.

* * *

Pero quisiera empezar advirtiéndote que éste no es un libro de autoayuda. No es un libro que verse sobre el modo de arreglar problemas. No tiene nada que ver con eso, ni siquiera ha sido escrito para que te sintieras mejor con tu yo imaginario.

Este libro gira en torno al hecho de ver, una palabra cuyo significado encierra todo lo que aquí tratamos de comunicar. Ver, para empezar, que tus problemas nunca fueron tuyos; ver que jamás fue necesario arreglar tu vida y ver también, por último, que ni un solo momento has estado separado de la Vida.

Aquí y ahora sólo existe esto, algo tan completo que es imposible de mejorar. Lo que buscabas siempre ha estado frente a ti… aunque ciertamente no tuviese el aspecto que esperabas.

Todas éstas, como ves, son buenas noticias. Como dijo Jesús, «Uno tiene que perder su vida para salvarla» y, en palabras del profeta Mahoma, «Si mueres antes de morir, desaparecerá la muerte». Lo único que queda, cuando el buscador se desvanece, es el amor.

Da la bienvenida, si estás abierto y dispuesto a escuchar y a soltar, a esta “revolución silenciosa de la espiritualidad”.


Texto extraído del libro "Una ausencia muy presente" de Jeff Foster


Una ausencia muy presente
Una ausencia muy presente

Este libro lo puede conseguir en Llibreria Les Paraules haciendo clic aquí.

Sin razón aparente
empecé a saltar como un niño
y, sin razón aparente, me subí a una hoja
que llegó tan lejos que besé los labios del sol
y me disolví.

Hafiz Shirazi (1325-1389), poeta persa.

Más allá de las ideas. Rompiendo límites
Más allá de las ideas. Rompiendo límites

No soy ningún Maestro

Yo no soy ningún maestro. Yo no tengo nada de lo que tú carezcas. Yo no soy, en modo alguno, especial. Eso es todo lo que quiero decir.

Si tuviera que dar un nombre a lo que estamos haciendo, diría que estamos
departiendo amablemente. Estamos charlando, abierta y amablemente, de algo que sabemos muy bien, de algo que conocemos íntimamente. En realidad, no podría decirte, sobre esto, nada que tú ya no supieras.

De hecho, siempre lo has sabido. Yo sólo te lo recuerdo.

Resonancia

Hay quienes hablan del reconocimiento o de la resonancia que experimentan cuando leen o escuchan palabras que brotan de la Claridad. Esa resonancia está más allá de nuestro intelecto y de nuestra comprensión, y trasciende por completo nuestra mente pensante. De esa resonancia, precisamente, quiero hablar en este libro.

Siempre es posible que, en medio de esa resonancia, resplandezca algo nuevo. Todas estas palabras apuntan, de hecho, a una iluminación que se encuentra más allá de la comprensión y a un reconocimiento que trasciende el pensamiento. Todas esas palabras apuntan, en suma, a una abertura a algo extraordinario –aunque simultáneamente ordinario– que siempre quedará más allá de la comprensión de nuestra mente.

* * *

Palabras

Cuando hablamos de no-dualidad solemos recurrir a metáforas y paradojas, porque las palabras, que fragmentan y dividen, se quedan muy cortas cuando apuntan a algo vivo y total. Ése es, en suma, un empeño tan imposible y condenado al fracaso como tratar de coger agua con una red.

Son muchas las paradojas y contradicciones que el lector descubrirá a lo largo de
este libro. Pero la mente que se empeña en comprender intelectualmente todas estas palabras acaba completamente confundida. Ese desesperado empeño se deriva de la creencia de que, cuando comprenda, podrá poseer y, cuando posea, podrá controlar. La mente quiere controlarlo todo. ¡Ha pasado los últimos millones de años controlándolo todo y no parece dispuesta a renunciar tan fácilmente a ello!

No trates de entender este libro. Ábrete tan sólo a la posibilidad de que la
iluminación aparezca. Sumérgete sencillamente en las palabras. Zambúllete en su
presencia. Si algunos de los conceptos presentados aquí te parecen difíciles será
porque lo son. No en vano desafían cualquier idea que tengas sobre la espiritualidad, sobre la vida, sobre el mundo y sobre ti mismo. No es de extrañar que sientas que algunas de estas palabras amenazan tu sensación de identidad, la idea que tienes de ti y de la verdad.

Ábrete a esta otra posibilidad. Pero debes saber que, quien ha escrito este libro, es
el mismo que lo está leyendo. Debes saber que, si hay algo en este libro que te
parezca difícil, cruel o poco cuidadoso, no era ésa mi intención. En modo alguno he
pretendido provocarte o molestarte. Lo único que quiero es compartir contigo la
posibilidad de un amor absoluto e incondicional.

Este libro ha brotado de la nada en medio de tu sueño para recordarte algo que
sabías desde siempre.

* * *

Pero no son sólo las palabras de este libro las únicas que tratan de transmitir este
mensaje. No son sólo estas palabras las que tratan de expresar lo inexpresable. Todo está haciendo lo mismo. Literalmente todo lo que te rodea es, de hecho una
manifestación perfecta de la liberación. La expresan los olores, los sonidos, el ruido
del tráfico y el movimiento. Todo está expresándolo, todo es una expresión de esto
que, pese a estar en todas partes, resulta invisible. Ésa es la gran broma cósmica.

No conviene, pues, que te identifiques demasiado con las palabras pronunciadas en este libro. Esas palabras, a fin de cuentas, no son más que un fragmento provisional de la danza de la vida, simples olas en la superficie del Ser.

Quizás, si lees con un espíritu, con una mente y un corazón abiertos, si estás abierto a otras posibilidades, posibilidades que parecen contradecir todo lo que nos han enseñado, algo de lo que aquí digamos resuene en tu interior. Quizás, si hay una abertura, reconozcas algo, veas algo o se desvanezca algo.

Pero, si lees este libro con la mente o el corazón cerrados, es muy posible que
acabes frustrado y decepcionado. Porque quizás, en tal caso, te identifiques tanto con las palabras que llegues a olvidar aquello a lo que apuntan. Y, si ése fuera el caso, te sugeriría que abandonases provisionalmente la lectura y no la reanudaras hasta que tu corazón y tu mente se abriesen.

* * *

Aquí y ahora

Pero quisiera empezar advirtiéndote que éste no es un libro de autoayuda. No es un libro que verse sobre el modo de arreglar problemas. No tiene nada que ver con eso, ni siquiera ha sido escrito para que te sintieras mejor con tu yo imaginario.

Este libro gira en torno al hecho de ver, una palabra cuyo significado encierra todo
lo que aquí tratamos de comunicar. Ver, para empezar, que tus problemas nunca
fueron tuyos; ver que jamás fue necesario arreglar tu vida y ver también, por último, que ni un solo momento has estado separado de la Vida.

Aquí y ahora sólo existe esto, algo tan completo que es imposible de mejorar. Lo que buscabas siempre ha estado frente a ti… aunque ciertamente no tuviese el aspecto que esperabas.

Todas éstas, como ves, son buenas noticias. Como dijo Jesús, «Uno tiene que perder su vida para salvarla» y, en palabras del profeta Mahoma, «Si mueres antes de morir, desaparecerá la muerte». Lo único que queda, cuando el buscador se
desvanece, es el amor.

Da la bienvenida, si estás abierto y dispuesto a escuchar y a soltar, a esta
“revolución silenciosa de la espiritualidad”.

Texto extraído del libro "Una ausencia muy presente" de Jeff Foster

por Gangaji

Gangaji
Gangaji

Mi maestro contaba muchas historias didácticas. A veces hablaba de un león que había sido criado como un mono y que, gracias a otro león que le señaló su condición natural, despertaba a su verdadera naturaleza y rugía. Otras veces decía que el mejor lugar donde esconder cosas es el bolsillo del ladrón, y contaba la historia del rico mercader que podía confiar en que su diamante estaría seguro allí Y a menudo explicaba la historia llamada El tesoro escondido, que nos brinda un contexto para este libro. En El tesoro escondido, una humilde viuda y sus hijos, que vivían en la pobreza, descubren que siempre habían tenido un tesoro bajo sus pies.

Todas estas historias nos enseñan que no somos quienes creemos ser. Nuestra manera de definirnos no cuenta la verdad de quienes somos. Lo que pensamos que deberíamos tener ya está presente y, cuando creemos que nuestras vidas han perdido su valor, sigue estando allí; solo debemos saber dónde mirar.

Se te ofrece este libro para ayudarte a descubrir que nuestras historias individuales pueden señalar hacia eso que tenemos justo debajo de la nariz, aunque nos parece que está ausente. Cualquiera que sea nuestra historia particular, cada uno de nosotros tenemos la capacidad de descubrir la verdad de quienes somos.

El tesoro que creemos que tenemos que buscar fuera podemos hallarlo en nuestro propio ser. Y somos capaces de descubrir que, independientemente de cómo se ordenen y reordenen los sucesos de nuestras vidas, aquí —precisamente donde estamos— hay algo de verdadero valor.

Este libro muestra que nos mantenemos en la oscuridad y que podemos descubrir la luz sin que nada cambie en nuestra historia. La verdad es simple, pero las maneras de oscurecerla son complejas. Si podemos simplificar las complejidades de nuestro sufrimiento individual, ya estamos más cerca de la verdad. Pensamos que sufrimos de una manera única, y es posible que nuestras circunstancias sean únicas, pero las pautas son las mismas. Estamos bajo el hechizo de la ignorancia de maneras particulares y, al describirla, podemos disiparla.

Este libro te invita a contar tu historia en el marco del reconocimiento de la paz y de la realización que siempre están presentes en el núcleo de tu ser. El propósito de esta obra es ayudarte a ver lo que impide ese reconocimiento, la ropa que te has puesto para cubrir tu ser desnudo. Esa ropa está hecha de los recuerdos de sucesos pasados, tanto de tu pasado individual como de nuestro pasado colectivo.

Si eres como la mayoría de los seres humanos, tejes esas vestimentas en el presente mientras preparas tus guiones para el futuro. Si estás dispuesto a dejar de tejer durante un periodo de indagación profunda y sincera, podrás descubrir lo que las historias encubren. En este libro no se te pide que trasciendas la tuya. Podemos reconocer el poder, la belleza y el horror de nuestras historias particulares, y al mismo tiempo reconocer la necesidad de ver más allá de ellas para descubrir lo que vive en el núcleo. En nuestra larga historia humana ha habido grandes seres con biografías inspiradoras y asombrosas que revelan la victoria del autodescubrimiento. Lo que nos inspira de estos grandes seres es que sus vidas se orientaron hacia el sublime descubrimiento de la verdad eterna, y después reflejaron esa verdad. Este libro te invita a dejar que tu historia sea una contribución a la revelación universal del autodescubri-miento, expresado de una manera única como tú.

Esta invitación no es tan escandalosa como puede parecer inicialmente. Incluso los mayores santos y seres realizados tuvieron muchas cosas normales en su vida. Conocieron el dolor y el fracaso. Como nosotros, experimentaron la duda y los contratiempos. Cuando estamos dispuestos a reconocer lo ordinario en estas personas, aceptamos más plenamente la posibilidad de que nuestras propias vidas se orienten hacia el descubrimiento directo e interminable de nosotros mismos.

En este libro se te pide que veas lo que hay debajo y dentro de la historia. Hemos aprendido a presentarnos ante el mundo manteniéndonos bien tapados para protegernos y para engañar. Pero, independientemente de cómo nos presentemos a los demás, sufrimos si no somos conscientes de lo que es libre de nosotros. A medida que vas pelando las capas de tu propia historia, o que ves más allá de ellas, permaneces desnudo ante ti mismo, en conciencia silenciosa.

El pensamiento de estar desnudo ante ti mismo es posible que te atemorice. La mayoría de nosotros somos conscientes de que tenemos muchos fallos, y estar completamente desnudos trae consigo la posibilidad de descubrir todavía más. Hemos aprendido a encubrir hábil e inconscientemente lo que percibimos como nuestros defectos con capas y capas de historias. Nuestras imágenes internas y nuestras narraciones solo están hechas de imágenes y pensamientos, pero tienen un gran poder. Es posible que sepamos que son, al menos en parte, mentira, pero es muy probable que nos dé miedo descubrir lo que está tapado.

Somos diestros en preservar los hilos de nuestros guiones superpuestos y nos esforzamos por cubrir los agujeros y descosidos que la vida revela con persistencia. Este es un trabajo constante que requiere nuestra atención de día y de noche. En un instante, y aunque solo sea por un instante, podemos detenernos. Cuando nos cansamos de encubrir lo que tememos ser, podemos dejar de hacerlo. Cuando sentimos curiosidad por lo que es inmutable en medio del cambio constante, podemos dejar de prestar toda nuestra atención a lo cambiante. Cuando somos llamados a una vida que está más allá de nuestra imaginación, más allá de nuestra capacidad de construir, podemos dejar de construir nuestra vida. En ese momento descubrimos que cualquier pensamiento, con respecto a nosotros mismos solo es un hilo que contribuye a tejer una historia y que podemos soltar ese hilo. Al soltarlo, encontramos la fuerza para vernos desnudos. Nuestra atención puede volver al núcleo silencioso y consciente.

El núcleo silencioso y consciente está, naturalmente, desnudo de fenómenos, y está desnudamente presente en el núcleo de todo fenómeno. Solo nuestra distracción con los fenómenos —la ropa hecha de pensamientos, imágenes, impresiones sensoriales y recuerdos— mantiene nuestro núcleo tapado, impidiéndonos reconocerlo.

Al indagar en la historia de tu vida, puedes reconocer las capas de distracciones pasajeras que mantienen tu atención enredada. Cuando las reconoces, puedes recuperar tu atención. Puedes permitir que las distracciones se caigan, o puedes verlas y ver a través de ellas todo el camino a casa, al núcleo silencioso.

En la primera parte de este libro, presento mi propia historia personal e introduzco El tesoro escondido, la historia didáctica que a veces usaba mi maestro H. W. L. Poonja (Papaji). En la segunda parte, estas dos historias quedan deconstruidas, o desvestidas. Con ello me propongo ayudarte a examinar más profundamente tu propia historia de vida. Para lograrlo, la desvistes. Miras dentro de ella. Esta deconstrucción continua que se hace en este libro de mi propia historia y de la historia didáctica te ayuda a continuar deconstruyendo tu historia.

Cuando se reconoce la insustancialidad esencial de todo lo que el pensamiento ha tejido, el mecanismo encubridor queda expuesto. Estás desnudo. Puedes ver el núcleo de ti, no como otro objeto construido por el pensamiento, sino como el tesoro escondido que constituye la verdad de ti mismo. La conciencia silenciosa es la conciencia de uno mismo como sujeto eterno, como fuente eterna: el núcleo desnudo de tu historia; de mi historia; de la historia didáctica, y de toda la infinita y misteriosa variedad de las historias humanas.

Con este reconocimiento culmina la búsqueda de realización de toda una vida.

Fuente: Introducción al libro "EL TESORO ESCONDIDO" publicado por El Grano de Mostaza en 2012. Título original "Hidden Treasure: Uncovering the Truth in Your Life Story "
El libro lo podeis encontrar en la Llibreria Les Paraules o en su web haciendo clic aquí.

El observador y lo observado, por J. Krishnamurti

J. Krishnamurti
J. Krishnamurti

Por favor, continúe conmigo un poco más. Puede que este asunto sea algo complejo, algo sutil; pero, por favor, continúe examinándolo.

Cuando yo creo una imagen de usted o de alguna otra cosa, puedo observar esa imagen; por tanto, está la imagen y el observador de ella. Digamos que veo a alguien con una camisa roja, y mi reacción inmediata es que me gusta o que no me gusta. El que me guste, o no, es resultado de mi cultura, mi preparación, mis asociaciones, mis inclinaciones, mis características adquiridas o heredadas. Es desde este centro desde donde observo y juzgo, por lo cual el observador está separado de lo observado.

Pero el observador se da cuenta de más de una imagen; él crea miles de imágenes. Sin embargo, ¿es el observador diferente de esas imágenes? ¿No es él simplemente otra imagen? Siempre está añadiendo o quitando algo de lo que es él. Es algo vivo que continuamente está sopesando, comparando, juzgando, modificando y cambiando como resultado de presiones, tanto de afuera como de su interior; vive en el campo de la consciencia, que es su conocimiento, influencias e innumerables conjeturas.

El observador
El observador

Al mismo tiempo, cuando usted observa al observador, que es usted mismo, ve que está hecho de recuerdos, experiencias, accidentes, influencias, tradiciones y de una infinita variedad de sufrimientos, todo lo cual es el pasado. Así, el observador es ambas cosas: el pasado y el presente, y el mañana que está por llegar, es también parte de él mismo. Está medio vivo y medio muerto, y con esta vida y esta muerte está observando, con la hoja viva y muerta. Y en ese estado mental que está dentro del campo del tiempo, usted (el observador) observa el temor, los celos, la guerra, la familia (esa horrible entidad encerrada en sí misma, que se llama familia) y trata de resolver el problema de lo observado que es el reto, lo nuevo. Usted está siempre interpretando lo nuevo en función de lo viejo y por ese motivo se halla en continuo conflicto.

Una imagen, el observador, observa docenas de otras imágenes a su alrededor y dentro de sí mismo, y dice: "Me gusta esta imagen, la conservaré", o "no me gusta esa imagen, la desecharé". Pero el observador mismo está compuesto de las varias imágenes que han surgido como reacción a otras diversas imágenes. Y así llegamos a un punto en que podemos decir: "El observador es también la imagen, sólo que se ha separado de ella y observa". Este observador nacido de otras imágenes diversas se considera permanente y hay una división, un intervalo de tiempo, entre él y las imágenes que ha creado. De aquí surge el conflicto entre él y las imágenes que, según cree, son la causa de sus dificultades. Entonces dice: "Debo deshacerme de este conflicto", pero el mismo deseo de desembarazarse del conflicto crea otra imagen.

La percepción de este hecho, que es la verdadera meditación, ha revelado la existencia de una imagen central, compuesta de todas las otras imágenes, y esta imagen central, el observador, es el censor, el experimentador, el evaluador, el juez que quiere conquistar o subyugar las otras imágenes o destruirlas por completo. Las otras imágenes son el resultado de los juicios, opiniones y conclusiones del observador, y este es el resultado de todas las otras imágenes; por tanto, el observador es lo observado.

Así pues, la percepción ha revelado los diferentes estados mentales; ha revelado las diversas imágenes y la contradicción entre ellas; ha puesto de manifiesto el conflicto resultante y la desesperación de no poder hacer nada, y también los diversos intentos por escapar de él. Todo ello se ha revelado por una cautelosa y titubeante percepción y luego viene la percepción de que el observador es lo observado. No es una entidad superior la que llega a darse cuenta de esto; no es el "yo superior" (la entidad superior, el "yo superior", son simples invenciones, que son también imágenes); es el propio estado de percepción el que había revelado que el observador es lo observado.

Si usted se hace una pregunta, ¿quién es la entidad que va a recibir la respuesta? ¿Quién es la entidad que va a investigar? Si la entidad es parte de la consciencia, parte del pensamiento, entonces es incapaz de descubrirlo. Lo único que puede descubrirlo es un estado de percepción. Pero si en ese estado sigue habiendo una entidad, que dice: "Debo darme cuenta, debo practicar para estar alerta", esa es también otra imagen.

El darse cuenta de que el observador es lo observado no es un proceso de identificación con lo observado. Identificarnos con alguna cosa es bastante fácil. La mayoría de nosotros nos identificamos con algo ―con nuestra familia, nuestro esposo o esposa, nuestra nación―, y eso causa gran sufrimiento y grandes guerras. Estamos examinando algo distinto por completo, y debemos comprenderlo no verbalmente, sino dentro de nuestro corazón, en lo más profundo de nuestro ser. En la antigua China, antes de que un artista empezara a pintar cualquier cosa ―un árbol, por ejemplo― se sentaba frente a él durante días, meses, años, no importaba cuánto tiempo, hasta que él era el árbol. No se identificaba con el árbol sino que era el árbol. Esto significa que no había espacio entre él y el árbol, ningún espacio entre el observador y lo observado; no había experimentador percibiendo la belleza, el movimiento, las sombras, la extensión de una hoja, la cualidad del color. Él era totalmente el árbol, y sólo en ese estado podía pintar.

Cualquier movimiento por parte del observador, si no se ha dado cuenta de que el observador es lo observado, crea solamente otra serie de imágenes, y de nuevo se ve atrapado en ellas. Pero ¿qué ocurre cuando el observador se da cuenta de que el observador es lo observado? Vaya despacio, muy lentamente, porque ahora tratamos de penetrar en algo muy complejo. ¿Qué ocurre? Que el observador no actúa en absoluto. El observador ha dicho siempre: "Debo hacer algo con estas imágenes, debo suprimirlas o darles una forma diferente". Siempre está activo respecto de lo observado, actuando o reaccionando de manera apasionada o despreocupada, y esta acción de agrado o desagrado la llaman acción positiva. "Me gusta; por tanto, debo conservarla. Me disgusta; por tanto, debo desecharla". Pero cuando el observador se da cuenta de que la cosa con respecto a la cual está actuando es él mismo, entonces ya no hay conflicto entre él y la imagen. Él es eso. No están separados. Cuando había separación entre ambos, actuaba o trataba de actuar, de hacer algo, pero cuando el observador se da cuenta de que él es eso, ya no hay agrado ni desagrado, y el conflicto cesa.

¿Para qué actuar? Si algo es usted mismo, ¿qué puede hacer? No puede rebelarse, ni huir, ni siquiera aceptarlo. Está ahí. Por tanto, termina toda acción que sea consecuencia de reacción al agrado o desagrado.

Entonces descubrirá que hay una percepción que se ha vuelto tremendamente viva. No está sujeta a nada esencial ni a ninguna imagen, y de la intensidad de esa percepción surge una cualidad diferente de atención y, por tanto, la mente ―por ser ella esa percepción― se ha vuelto extraordinariamente sensible e inteligente en grado sumo.

Fuente: Text tret del llibre "Liberese del pasado" de J. Krishnamurti. Publicat en castellà per Gaia ediciones al 2013. Títol original:"Freedom from the know"

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